Cuando se es joven
uno se permite soñar en grande
sin que nada ni nadie
le ponga límite a estos anhelos
Soñar con un mundo más fraterno,
en el que nos reconozcamos a todos como hermanos.
Soñar con una sociedad más justa,
sin las grandes desigualdades existentes.
Soñar con una Iglesia más cercana,
más vinculada al mundo de los pobres.
Soñar con que compartir la vida y el amor,
sean el pan gratuito de cada día.
Soñar, soñar y volver a soñar.
Esto no es algo individual,
sino más bien colectivo;
soñar de la mano de otros
y en conjunto ir construyendo el Reino.
Tarde o temprano nos daremos cuenta
que nuestros sueños son nada más y nada menos
que los sueños de Dios hechos propios
y que, al igual que Jesús de Nazareth,
somos parte del proyecto
de este Guardián de los Sueños.

¡Muy hermoso!
ResponderEliminarPERO AUNQUE LOS AÑOS PASEN LO IMPORTANTE ES MANTENER ESE SUEÑO Y LUCHAR PERMANENTEMENTE POR LOGRAR ESE MUNDO MEJOR, DONDE NOS RECONOSCAMOS UNOS A OTROS COMO VERDADEROS HERMANOS