miércoles, 27 de junio de 2012

Logros y metas no alcanzadas


Antes de comenzar la carrera se puso como sede un gran estadio en tierras trasandinas: se haría en Argentina. Ocupamos cuatro del total de pistas que había disponibles para correr y ya estábamos ansiosos por el disparo de inicio. Así también estaban algunos amigos y familiares que nos alentaban con desentonados cánticos desde la galera y las butacas. 
       Y ahí estábamos...
                      -En sus marcas,
                                ¿Listos?...

no, no, no... esperen un momento, aviso de último minuto, repito, último minuto: hay nuevas participantes-

No entendía muy bien lo que pasaba. Un grupo de chicas pasó a ocupar los carriles restantes. También con ellas entraron nuevas personas al estadio y ocuparon un nuevo sector que se hallaba vacío desentonando con nuevos cánticos apoyando ahora al grupete que entraba.
-...Ahora sí     
 En sus marcas,      
¿Listo...                              
no, no, no, esperen... ¡¿Qué es lo que está pasando?!-
Ahora si que no entiendo... un grupo de adultos (alguno que otro que denotaba un largo baño de tina de 60 años y un incidente con la cortadora de pasto, y la enceradora) entró corriendo al estadio. Bien vestiditos con sus tenidas deportivas entraron riendo y jugando a tomarse nuestras pistas y a correr por el estadio... nadie entendía nada.
Cuando fuimos a pedirle explicaciones a los jueces de la carrera 
no alcanzamos ni a acercarnos a la mesa:
por las entradas
por las puertas de los equipos
por las galerías 
por las butacas
por las barras
por todos los sectores del estadio, comenzaron a salir, entrar, saltar, bajar, corriendo hasta achoclonar todo el estadio y las pistas. 
Eran niños,
abuelos,
tíos,
hermanos,
primas,
madres,
abogados,
conserjes,
policías,
traficantes,
doctoras,
circenses,
ingenieros,
constructores,
Eran todos.
Éramos todos.
Era todo.
Entre el furor de la corrida y la gente apabullada sonó una especie de claxon antiguo, emulando alguna canción típica de un Mozart o un Tchaikovsky (más parecida al tono de alarma de un celular monofónico "ladrillo" que a la interpretación de la orquesta sinfónica del lugar), y se abrieron todas las puertas, las ventanas, las butacas, las pistas, las salidas, entradas... Se abrió el estadio entero. 
Se abrió el estadio entero dando paso a una especie de "9 de Julio" , pero sin líneas divisorias, sólo una enorme calle, una enorme y gigantesca pista única. 

Y de repente me vi perdido corriendo entre la gente.
Y de repente me vi perdido corriendo con la gente.
Y de repente me vi acompañado corriendo con la gente.
Y de repente me vi acompañado, acogido, feliz, corriendo con y entre la gente.
Y ya no eran nada.
Ya no había constructores,
ya no había ingenieros,
no había circenses,
no había doctoras,
no había traficantes,
no había policías,
no había conserjes,
no había abogados,
no había madres,
ni primas,
ni hermanos,
ni tíos, 
ni abuelos,
ni tampoco argentinos ni chilenos,
ni españoles o italianos,
ni tampoco estaban en Chile, ni en Argentina.
Tan sólo estaban.
Y eran... ¡Eran niños, eran todos niños!
¡Éramos todos niños!
¡Somos todos niños!
Y eso,
eso es todo.

La carrera no se acaba,

¡Mira, ahí va pasando el tata carlitos niño!¡Es mucho más rápido ahora jaja!,
no hay una meta "física",
¡Ahí va pasando el papá del Pedro cuando niño!¡Impresionante cómo le puede quedar esa remera si antes, cuando grande, era tan gordo!,
en este camino cabemos todos,
¡Mira tu prima cuando era niña!¡Está re linda jajaja!
y el juego,
la carrera, 
la vida, 
no tiene final.
Porque somos todos niños, 
grandes y pequeños niños.

domingo, 17 de junio de 2012

Chile se hace presente

Luego de algunos días en donde se nos secó el tintero, tenemos muchas buenas nuevas para comunicarles........

Para comenzar tenemos la misión de informarles de un nuevo integrante en la casa de estudios: arrasando con todos los records que hasta su llegada ostentaba el soldado Juanca (más días sin ducharse y la capacidad de comer lo que le pongan en el plato) llega a nuestra humilde morada un moreno individuo que de inmediato ha dejado huella en nuestro hogar robándose la atención de más de alguna muchacha que paseaba por nuestra vereda. Estamos hablando del recluta Chile, un perrito de tan sólo 2 meses que ha llenado nuestra casa de alegrías, ladridos y buenoooo.. caca. Y es que nuestro mordelón amigo se ha caracterizado por tomarse el llamado de la naturaleza al más puro estilo hippie y ha marcado su territorio en cada rincón de nuestra casa, por otro lado mientras nosotros nos ocupamos en repartir la palabra de Dios a las distintas comunidades, él se encargaba de repartir la basura que encuentra por todo el vecindario motivando un nuevo reto de nuestro querido vecino que ya piensa en adelantar algunos días sus vacaciones (saludos para él).

Otro motivo de gran alegría en este último tiempo fue la llegada de nuestro compañero de camino Cristián Burns, que nos dio la sorpresa de venir desde Chile a quedarse algunos días en nuestra casa. Con él llegaban Pedro Pablo Achondo y Gustavo Albornoz , dos "religiosos" de la congregación que habían sido enviados para "guiar" nuestro proceso acá en Argentina. Todo partía de la mejor manera cuando a su llegada se volvió a juntar la comunidad Chilena en torno a la televisión y juntos pudimos gritar los goles que llevaban al combinado nacional al primer puesto de las eliminatoria rumbo a Brasil 2014. Este encuentro dio el pie para que nuestras queridas visitas se agrandaran retándonos a un encuentro futbolístico en el coliseo central. Los ánimos se comenzaron a calentar, volaban insultos y golpes entre ambos bandos; la apuesta era la siguiente, si ellos ganaban nos metíamos todos a la congregación (iniciativa propuesta por el encargado vocacional) y si ganábamos los peumos, los  hermanos debían elegir entre dejar los hábitos o celebrar una misa con la polera del Colo-Colo. Pasó lo que Dios quería y, gracias a la neutralización de su mejor agente ofensivo por el temor que le ocasionaba "La Bestia", los peumos sumamos una nueva victoria para nuestra vitrina (estamos esperando el pago de la apuesta). Para terminar con broche de oro su paso por Argentina, nos llevaron a visitar a una comunidad de hermanos Maristas que viven una experiencia de inserción en los barrios más humildes de Merlo, con ellos pudimos compartir nuestras distintas vivencias, unas buenas mateadas y algo de música de nuestros respectivos países.

Para poder descansar un poco de estas ajetreadas semanas el hermano Che Ricardo nos invitó a ser espectadores de un poco de cine transandino: "El elefante blanco" era el título elegido. Esta increíble película, que trataba acerca de la realidad de las distintas villas de Buenos Aires y de la bella labor que hasta el día de hoy hacen los "curas villeros" en ellas, nos dejó más de un tema dando vuelta en nuestras cabezas. Prestos y dispuestos para irnos a descansar nos encontramos con una nueva sorpresa, el actual provincial de nuestra congregación, el jefe de jefes Alex Vigueras, con motivo de la celebración de los 60 años de vida religiosa de nuestro querido padre Armando, hacía un espacio en su ajetreada agenda para acercarse a la tierra de la albi-celeste. El "Lalo" nos impresionó a todos al acercarse a degustar un poco de nuestra no muy sofisticada cocina, ahí tuvimos la gran oportunidad de disfrutar de alguna de las tantas anécdotas y vivencias que guarda en su repertorio. Pero faltaba la guinda de la torta, el día viernes celebrábamos el día del Sagrado Corazón, comenzando con una completa charla a la comunidad de San José acerca del carisma de la congregación para luego culminar con un gran festejo guiado por un artista de primera calidad; en la pista de baile Jimmy y don provincial causaron furor tirándose unos pasos.

Muy felices de recibir tantas visitas desde nuestra querida Patria, nos despedimos desde el otro lado de Los Andes, donde crece el Ombú.

martes, 5 de junio de 2012

Buscando visa para un sueño

Luego de tres meses escondidos en los suburbios de Buenos Aires, la Ley trasandina nos obligaba a cruzar la frontera del país para no quedar como inmigrantes ilegales. Fue así como nos embarcamos a través del río Tigre a las no tan lejanas tierras del Uruguay. A pesar de que veníamos ahorrando semana a semana desde marzo para esta travesía, sólo nos fuimos con unos pocos pesos en el bolsillo y con la única certeza de que teníamos un pasaje de vuelta para dos días más. Nuestro primer gran desafío fue llegar "a dedo" desde Carmelo, el puerto donde arribamos, hasta la capital charrúa. Rápidamente nos recogieron en la carretera y descubrimos la amabilidad y sencillez de los compañeros uruguayos, lo cual se repitió en cada lugar que estuvimos. Sin embargo, no todo era de color rosa: con las panzas vacías y sin un techo donde dormir en Montevideo, nos convertimos en artistas callejeros consiguiendo algunas monedas en los omnibuses gracias a nuestro pequeño repertorio de folcklore chileno. Con esto, además de haber conquistado más de algún corazón uruguayo, nos alcanzó para darnos el lujo de alimentarnos en base a una rigurosa dieta de atún con galletas y mayonesa.

Tras un fugaz paso por esta ciudad, emprendimos confiados el viaje hacia Colonia. Lamentablemente la suerte no estuvo en nuestros dedos en esta ocasión y el trayecto que normalmente demora 1-2 horas, tardó 8. Nuestras esperanzas estaban por el piso (y nosotros también) cuando a lo lejos se veía venir un misterioso vehículo que emanaba sonidos, humos y olores de dudosa procedencia. Se trataba del primo lejano de Apu Nahasapeemapetilon, un turco amante de las mujeres latinoamericanas que, con un marcado acento y un acotado vocabulario, trató de abducirnos a la religión musulmana con promesas de harems de mujeres y reencarnaciones sagradas. Estaba apunto de conseguirlo cuando llegamos por fin a nuestro destino. La noche colonial nos recibía con la belleza y tranquilidad de sus calles, pero sin un lugar donde dormir. Imitando el ejemplo de nuestro Mesías, pasamos la noche en un pesebre del siglo XXI contiguo al terminal de buses; no tuvimos visitas de reyes magos ni vacas o burros, pero sí la fiel compañía de perros y gatos que cumplían la función de guatero.

El techo estrellado nos dio un buen sueño y nos recargó las pilas para partir en la mañana a pasear por el casco histórico de la ciudad. "A quien madruga, Dios le ayuda" dicen las malas lenguas, pero no fue así. Debido al relajado horario del pueblo uruguayo nos encontramos con casi todos los museos y tiendas cerradas, sin embargo, esto no impidió que recorriéramos y nos deleitáramos con las antiguas construcciones, los hermosos miradores con vista al río de la Plata y la gran e inigualable "Calle de los Suspiros", que literalmente te hacía suspirar. Más que grandes monumentos, atracciones turísticas o bellos paisajes, nos fuimos de Uruguay con el gran cariño y preocupación que nos demostraron sus habitantes en nuestra condición de extranjeros. El viaje de vuelta avanzó sin inconvenientes hasta que llegamos a la aduana argentina en donde, juzgados por nuestras tenidas lanófilas, fuimos sometidos a un estricto control policial para descartar la tenencia de drogas o sustancias ilícitas.

Ya de vuelta en Libertad, los curas nos esperaban con una gran lista de tareas pendientes, por lo que rápidamente nos reintegramos a la vida parroquial. Además de retomar el centro de pastoral juvenil, los centros de alfabetización y las catequesis, empezamos con un grupo de pre-juvenil para los días sábado y con un taller de guitarra para los domingos en la parroquia.

Pero sin duda lo que marcó el fin de semana fue la quinta fecha de las eliminatorias para el mundial de Brasil 2014. La colonia chilena se congregó en la casa de los curas para ser testigos de la victoria del combinado nacional sobre los hermanos bolivianos. Sólo podemos decir que no hay mejor sensación que gritar un gol de la Roja de Todos aquí en el extranjero. En esta misma sintonía patria asistimos a la gran "Feria de la Colectividades" en Morón, en donde habían stands de países de todo el globo y pudimos disfrutar y compartir sabores, olores, costumbres y bailes de diversas culturas. Lógicamente visitamos el stand de Chile y nos comimos su buena empaná' de pino.

Sin más que decir, nos despedimos. Viva Chile mierda!