martes, 5 de junio de 2012

Buscando visa para un sueño

Luego de tres meses escondidos en los suburbios de Buenos Aires, la Ley trasandina nos obligaba a cruzar la frontera del país para no quedar como inmigrantes ilegales. Fue así como nos embarcamos a través del río Tigre a las no tan lejanas tierras del Uruguay. A pesar de que veníamos ahorrando semana a semana desde marzo para esta travesía, sólo nos fuimos con unos pocos pesos en el bolsillo y con la única certeza de que teníamos un pasaje de vuelta para dos días más. Nuestro primer gran desafío fue llegar "a dedo" desde Carmelo, el puerto donde arribamos, hasta la capital charrúa. Rápidamente nos recogieron en la carretera y descubrimos la amabilidad y sencillez de los compañeros uruguayos, lo cual se repitió en cada lugar que estuvimos. Sin embargo, no todo era de color rosa: con las panzas vacías y sin un techo donde dormir en Montevideo, nos convertimos en artistas callejeros consiguiendo algunas monedas en los omnibuses gracias a nuestro pequeño repertorio de folcklore chileno. Con esto, además de haber conquistado más de algún corazón uruguayo, nos alcanzó para darnos el lujo de alimentarnos en base a una rigurosa dieta de atún con galletas y mayonesa.

Tras un fugaz paso por esta ciudad, emprendimos confiados el viaje hacia Colonia. Lamentablemente la suerte no estuvo en nuestros dedos en esta ocasión y el trayecto que normalmente demora 1-2 horas, tardó 8. Nuestras esperanzas estaban por el piso (y nosotros también) cuando a lo lejos se veía venir un misterioso vehículo que emanaba sonidos, humos y olores de dudosa procedencia. Se trataba del primo lejano de Apu Nahasapeemapetilon, un turco amante de las mujeres latinoamericanas que, con un marcado acento y un acotado vocabulario, trató de abducirnos a la religión musulmana con promesas de harems de mujeres y reencarnaciones sagradas. Estaba apunto de conseguirlo cuando llegamos por fin a nuestro destino. La noche colonial nos recibía con la belleza y tranquilidad de sus calles, pero sin un lugar donde dormir. Imitando el ejemplo de nuestro Mesías, pasamos la noche en un pesebre del siglo XXI contiguo al terminal de buses; no tuvimos visitas de reyes magos ni vacas o burros, pero sí la fiel compañía de perros y gatos que cumplían la función de guatero.

El techo estrellado nos dio un buen sueño y nos recargó las pilas para partir en la mañana a pasear por el casco histórico de la ciudad. "A quien madruga, Dios le ayuda" dicen las malas lenguas, pero no fue así. Debido al relajado horario del pueblo uruguayo nos encontramos con casi todos los museos y tiendas cerradas, sin embargo, esto no impidió que recorriéramos y nos deleitáramos con las antiguas construcciones, los hermosos miradores con vista al río de la Plata y la gran e inigualable "Calle de los Suspiros", que literalmente te hacía suspirar. Más que grandes monumentos, atracciones turísticas o bellos paisajes, nos fuimos de Uruguay con el gran cariño y preocupación que nos demostraron sus habitantes en nuestra condición de extranjeros. El viaje de vuelta avanzó sin inconvenientes hasta que llegamos a la aduana argentina en donde, juzgados por nuestras tenidas lanófilas, fuimos sometidos a un estricto control policial para descartar la tenencia de drogas o sustancias ilícitas.

Ya de vuelta en Libertad, los curas nos esperaban con una gran lista de tareas pendientes, por lo que rápidamente nos reintegramos a la vida parroquial. Además de retomar el centro de pastoral juvenil, los centros de alfabetización y las catequesis, empezamos con un grupo de pre-juvenil para los días sábado y con un taller de guitarra para los domingos en la parroquia.

Pero sin duda lo que marcó el fin de semana fue la quinta fecha de las eliminatorias para el mundial de Brasil 2014. La colonia chilena se congregó en la casa de los curas para ser testigos de la victoria del combinado nacional sobre los hermanos bolivianos. Sólo podemos decir que no hay mejor sensación que gritar un gol de la Roja de Todos aquí en el extranjero. En esta misma sintonía patria asistimos a la gran "Feria de la Colectividades" en Morón, en donde habían stands de países de todo el globo y pudimos disfrutar y compartir sabores, olores, costumbres y bailes de diversas culturas. Lógicamente visitamos el stand de Chile y nos comimos su buena empaná' de pino.

Sin más que decir, nos despedimos. Viva Chile mierda!


1 comentario:

  1. Estimadisimos !
    Que gran gusto saber de Uds. y que están felices por la mayúscula América, como diría el baleado che, conociendo y dejando que los conozcan cuando hacen su sarta de locuras. Estoy esperando ya su pasadita por la tierra de las empanadas para las vacaciones de invierno, ahi nos juntamos a por unas sopaipillas pasadas y en la noche un vaso de buen pipeño jajaja.
    Tengo que admitir que se me sale un poco la envidia de verlos por allá jaja
    No es menor la calidad de lazo que están formando y que no se les olvide ningún dia cuando se levanten en la mañana, porque al final son los recuerdos los que quedan, y nada mas.
    Les mando un abrazo grande muchachos,

    Cristobal G-H

    PD: puse "anonimo" porque es un parto hacer el tramite majadero para postear jajajaja

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