Antes de comenzar la carrera se puso como sede un gran estadio en tierras trasandinas: se haría en Argentina. Ocupamos cuatro del total de pistas que había disponibles para correr y ya estábamos ansiosos por el disparo de inicio. Así también estaban algunos amigos y familiares que nos alentaban con desentonados cánticos desde la galera y las butacas.
Y ahí estábamos...
-En sus marcas,
¿Listos?...
-En sus marcas,
¿Listos?...
no, no, no... esperen un momento, aviso de último minuto, repito, último minuto: hay nuevas participantes-
No entendía muy bien lo que pasaba. Un grupo de chicas pasó a ocupar los carriles restantes. También con ellas entraron nuevas personas al estadio y ocuparon un nuevo sector que se hallaba vacío desentonando con nuevos cánticos apoyando ahora al grupete que entraba.
-...Ahora sí
En sus marcas,
¿Listo...
¿Listo...
no, no, no, esperen... ¡¿Qué es lo que está pasando?!-
Ahora si que no entiendo... un grupo de adultos (alguno que otro que denotaba un largo baño de tina de 60 años y un incidente con la cortadora de pasto, y la enceradora) entró corriendo al estadio. Bien vestiditos con sus tenidas deportivas entraron riendo y jugando a tomarse nuestras pistas y a correr por el estadio... nadie entendía nada.
Cuando fuimos a pedirle explicaciones a los jueces de la carrera
Cuando fuimos a pedirle explicaciones a los jueces de la carrera
no alcanzamos ni a acercarnos a la mesa:
por las entradas
por las puertas de los equipos
por las galerías
por las butacas
por las barras
por todos los sectores del estadio, comenzaron a salir, entrar, saltar, bajar, corriendo hasta achoclonar todo el estadio y las pistas.
Eran niños,
abuelos,
tíos,
hermanos,
primas,
madres,
abogados,
conserjes,
policías,
traficantes,
doctoras,
circenses,
ingenieros,
constructores,
Eran todos.
Éramos todos.
Era todo.
Éramos todos.
Era todo.
Entre el furor de la corrida y la gente apabullada sonó una especie de claxon antiguo, emulando alguna canción típica de un Mozart o un Tchaikovsky (más parecida al tono de alarma de un celular monofónico "ladrillo" que a la interpretación de la orquesta sinfónica del lugar), y se abrieron todas las puertas, las ventanas, las butacas, las pistas, las salidas, entradas... Se abrió el estadio entero.
Se abrió el estadio entero dando paso a una especie de "9 de Julio" , pero sin líneas divisorias, sólo una enorme calle, una enorme y gigantesca pista única.
Y de repente me vi perdido corriendo entre la gente.
Y de repente me vi perdido corriendo con la gente.
Y de repente me vi acompañado corriendo con la gente.
Y de repente me vi acompañado, acogido, feliz, corriendo con y entre la gente.
Y ya no eran nada.
Ya no había constructores,
ya no había ingenieros,
no había circenses,
no había doctoras,
no había traficantes,
no había policías,
no había conserjes,
no había abogados,
no había madres,
ni primas,
ni hermanos,
ni tíos,
ni abuelos,
ni tampoco argentinos ni chilenos,
ni españoles o italianos,
ni tampoco estaban en Chile, ni en Argentina.
Tan sólo estaban.
Y eran... ¡Eran niños, eran todos niños!
¡Éramos todos niños!
¡Somos todos niños!
¡Éramos todos niños!
¡Somos todos niños!
Y eso,
eso es todo.
eso es todo.
La carrera no se acaba,
¡Mira, ahí va pasando el tata carlitos niño!¡Es mucho más rápido ahora jaja!,
no hay una meta "física",
¡Ahí va pasando el papá del Pedro cuando niño!¡Impresionante cómo le puede quedar esa remera si antes, cuando grande, era tan gordo!,
en este camino cabemos todos,
¡Mira tu prima cuando era niña!¡Está re linda jajaja!
y el juego,
la carrera,
la vida,
no tiene final.
Porque somos todos niños,
grandes y pequeños niños.
¡hermoso!
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